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Contaminación

Un total de 12,5 millones de personas respiraron el año pasado aire con niveles de contaminación superiores a los límites legales recogidos en la legislación europea y española, lo que supone 2,3 millones menos respecto a 2018 y la cantidad más baja desde 2011. Pese a ello, persistieron los incumplimientos de esos umbrales en Madrid, Barcelona y otro medio centenar de zonas.

Pese a la reducción de las emisiones de CO2 debido a la crisis sanitaria mundial, su concentración en la atmósfera sigue acumulándose.

Los niveles de contaminación del aire en varias de las principales ciudades de España se han reducido un 55% de desde que el Gobierno decretara el estado de alarma el pasado 14 de marzo para frenar la expansión del Covid-19, enfermedad causada por el coronavirus, lo que hace que la mayoría de la población española esté confinada en sus casas.

A menos coches, menos contaminación. Mañana se cumple una semana desde que el Gobierno anunció el Estado de Alarma y los datos son rotundos.

La contaminación del aire por la quema de combustibles fósiles -principalmente carbón, petróleo y gas- está detrás de alrededor de 4,5 millones de muertes anuales en todo el mundo y genera unas pérdidas económicas estimadas en 2,9 billones de dólares, lo que equivale a aproximadamente un 3,3% del PIB mundial.

​El pasado año, el transporte fue el sector que más contribuyó al Inventario. Por sí solo, el tráfico por carretera representa un 25% del total de emisiones de GEI y, de ellas, un tercio se concentran en aglomeraciones urbanas.

La Organización de consumidores y Usuarios (OCU) denunció este jueves que los automóviles de todas las marcas superan los valores declarados de emisiones.

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La crisis sanitaria ha puesto las ciudades en el punto de mira: con el 55% de la población mundial viviendo en zonas urbanas -casi un 53% en España- y la previsión de que esta cifra alcance el 68% en 2050, la COVID-19 supone un punto de inflexión para situar las ciudades a la vanguardia de los esfuerzos para frenar las crisis climática y económica.

El tiempo medio que tarda el hielo marino en viajar en una zona del Ártico a otra se reducirá a más de la mitad a mediados de siglo y para entonces la cantidad de hielo del mar que se intercambiará entre países árticos como Rusia, Noruega, Canadá y Estados Unidos se triplicará, lo que elevará la contaminación de las aguas de esas naciones.

La contaminación del aire acorta la esperanza de vida casi tres años en todo el mundo, más que las guerras y otras formas de violencia, enfermedades parasitarias, la malaria, el VIH/sida y el tabaquismo.

La contaminación atmosférica influye tanto en el comienzo como en la progresión de enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer, el párkinson, la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), la esclerosis múltiple, la epilepsia, el ictus o la migraña, según informó la Sociedad Española de Neurología (SEN).

Un estudio de la iniciativa ‘Break Free from Plastic’, que ha limpiado las costas de 42 países en todo el mundo, ha determinado que Coca-Cola, Pepsi y Nestlé son las firmas que más contribuyen a la contaminación de los océanos con plásticos de un solo uso.