Una de las frases más reconocidas de la historia del cine, es la que pronuncia el desamparado alienígena de E.T. apuntando con su dedo luminoso al espacio: “Teléfono, mi casa”.
Existe un debate sobre si en la sociedad actual existe libertad de expresión o no. En esta reflexión infrinjo de nuevo la norma de no hablar en primera persona, pido excusas por ello.
Vergüenza tienen que estar pasando los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado cuando ven a una delegada sordomuda y a un presidente del perpetuo socorro que no mueven ficha. Tristeza me da querer ser lo que no puede ser, una autonomía.
Creo que Pedro Sánchez se equivocó al expresar que le gustaba la carne al punto, tanto porque desautorizaba injusta y cruelmente al ministro Garzón, que no hizo sino verbalizar una obviedad (otra cosa es el momento y su puesta en escena), como porque su remodelación de Gobierno ha demostrado que le gusta cruda.
Ayer, la que fuera Consejera de Educación, Cultura, Deportes y Juventud del Gobierno del Principado de Asturias y actualmente consejera del Estado de España, patinó con una publicación en la que afirmaba que “Los varones homosexuales no corren peligro en Afganistán”.
El pasado día 20 en comparecencia ante la prensa, el Vicepresidente de Castilla-León, Francisco Igea, pronunció una de esas frases memorables, que además sintetiza todo lo ocurrido en estos 17 mese de pandemia.
A vueltas con el artículo que presenta el punto de vista de tres médicos, que plantean cuatro posibles escenarios potenciales de la pandemia de COVID19: Erradicación, Eliminación, Convivencia y Conflagración, nos presentan un espectro de hipotéticas “finales” que pueden constituir la resolución de la pandemia de COVID-19.
En octubre se cumplirán 10 años de la Conferencia Internacional por la paz de Aiete (San Sebastián), preludio de la declaración de ETA tres días después y, pese a las dificultades del proceso de construcción de paz, el País Vasco y Navarra encaran una nueva fase de esperanza.